Calostro: las primeras horas que definen toda la vida del lechón. Estrategias nutricionales para mejorar el calostro – Parte III

Prólogo
En la Parte I vimos por qué el calostro es el factor individual que mejor predice la supervivencia del lechón. En la Parte II analizamos qué determina que unas cerdas produzcan más y mejor calostro que otras. La pregunta que sigue es la más práctica de todas: ¿qué podemos hacer desde la nutrición para mejorarlo?
Este tercer artículo técnico reúne la evidencia científica más reciente sobre fibra, antioxidantes, vitaminas, minerales, aditivos y manejo alimentario alrededor del parto. No existe una solución mágica. Lo que existe es un conjunto de decisiones, bien fundamentadas, que se suman entre sí: algunas actúan sobre el volumen de calostro, otras sobre su calidad inmunológica y otras, quizás las más subestimadas, sobre la velocidad del parto.
Nuestro objetivo es ayudar a técnicos y productores a separar lo que tiene respaldo sólido de lo que todavía es promesa, y a priorizar dónde invertir.
Introducción
A diferencia de la leche, cuya producción responde a la intensidad del amamantamiento, la producción de calostro depende principalmente de factores propios de la cerda. Su síntesis está bajo control hormonal: la prolactina antes del parto favorece la producción, mientras que la progesterona la frena. Esto significa que la ventana para intervenir está en la cerda, y está antes del parto.
Conviene empezar con una advertencia honesta. Una de las revisiones más citadas sobre el tema concluye que, si bien existen estrategias para modificar el contenido de grasa e inmunoglobulinas del calostro, todavía faltan herramientas para aumentar su volumen (Quesnel y Farmer, 2019). En otras palabras: la nutrición mejora con relativa facilidad la calidad del calostro, pero el volumen depende sobre todo de que la cerda llegue al parto con energía suficiente y de que el parto sea rápido.
Por eso el período de transición, que va desde 7–10 días antes hasta 3–5 días después del parto, merece especial atención: es cuando ocurre la mayor parte de las muertes de lechones. Alrededor del parto, el glucógeno hepático no parece alcanzar para cubrir al mismo tiempo la construcción del nido, las contracciones uterinas y la producción de calostro (Theil et al., 2022).
Fibra: más que un laxante
La fibra es probablemente la herramienta nutricional con mejor relación costo-beneficio en la transición. Su efecto es doble: previene el estreñimiento y, al fermentarse en el intestino grueso, libera ácidos grasos de cadena corta que aportan energía varias horas después de la comida, justamente cuando la glucosa del almidón ya se agotó y el parto está en curso.
El estreñimiento no es un problema menor. En granjas de clima tropical, el 64,6% de las cerdas presentó estreñimiento moderado a severo, y esas cerdas tuvieron partos 28 minutos más largos y menor apetito después del parto (Pearodwong et al., 2016). Y, como vimos en la Parte II, cada minuto de parto cuenta.
La dosis importa. En trabajos daneses, un suplemento rico en fibra (350 g/día entre los días 102 y 108 de gestación y 700 g/día desde el día 109 hasta el parto) mejoró las reservas energéticas al inicio del parto y redujo significativamente los nacidos muertos (Feyera et al., 2017). En cambio, con solo 75 g/día durante 7 días, el estreñimiento bajó de 46,3% a 17,6% y la mortalidad predestete de 17,3% a 13,4%, pero no aumentaron la producción de calostro ni el consumo por lechón (Dumniem et al., 2024). El mensaje práctico: la cantidad total y el inicio anticipado importan más que la fuente de fibra.

Antioxidantes: proteger a la cerda cuando más se exige
El periparto es una etapa de intenso estrés oxidativo, determinada por el crecimiento fetal acelerado, el desarrollo de la glándula mamaria, la síntesis de calostro y el propio parto. La glándula mamaria es particularmente susceptible a ese daño, lo que puede predisponer a mastitis, metritis y agalactia.
Entre los compuestos vegetales, el resveratrol es de los más estudiados. En 40 cerdas multíparas suplementadas con 300 mg/kg desde el día 75 de gestación, aumentó significativamente la IgA, IgG e IgM del calostro, pero solo en la fase de alta temperatura; en ambiente templado no hubo efecto (Zhao et al., 2022). Este patrón se repite con muchos antioxidantes: rinden más cuando la cerda está desafiada por calor, enfermedad o estrés.
Vitaminas y minerales: la forma importa tanto como la dosis
La vitamina E es el antioxidante liposoluble clásico de la cerda, y el lechón depende casi por completo del calostro para obtenerla, ya que la transferencia placentaria es escasa. La vitamina D, y en particular su metabolito 25-OH-D3, gana cada vez más espacio: reemplazar parcialmente la vitamina D3 por 25-OH-D3 desde el final de la gestación aumentó la IgG y la grasa del calostro y la capacidad antioxidante de la cerda al parto, aunque sin cambios en el desempeño reproductivo ni en el crecimiento de la camada (Kwon et al., 2026).
Entre los minerales, el selenio es el caso más documentado. Un metaanálisis mostró que el selenio orgánico durante la gestación aumentó el peso de los lechones al nacer y al destete y el selenio en calostro y leche, sin efecto sobre el número de nacidos vivos (Zhou et al., 2021). Con zinc, cobre y manganeso la evidencia apunta en la misma dirección: reemplazar parte de las fuentes inorgánicas por minerales orgánicos aumentó el peso al nacimiento y el contenido de minerales del calostro (Wang et al., 2025). Estos minerales mejoran la calidad de lo que la cerda transfiere, pero no son por sí solos una herramienta para producir más calostro.
Aditivos: levaduras y probióticos
Las levaduras vivas son de los aditivos con resultados más consistentes. En 40 cerdas multíparas suplementadas con 1 g/kg de levadura viva desde el día 90 de gestación, se
redujeron los nacidos muertos y los lechones de bajo peso, y el calostro tuvo más proteína, lactosa y sólidos no grasos (Peng et al., 2020).
Los probióticos multiespecie también muestran potencial, sobre todo para la inmunidad de mucosas. Hay que ser realistas con estos productos: las diferencias entre estudios pueden deberse a la cepa, la dosis, la duración, la genética y la paridad de las cerdas. Vale la pena evaluar cada producto en la propia granja.
Manejo alimentario periparto: el factor que más mueve el volumen
Si hay una intervención que actúa directamente sobre la cantidad de calostro, es cuánto y cuándo come la cerda antes de parir. La práctica tradicional de restringir el alimento al ingresar a maternidad está siendo cuestionada por la evidencia.
Un ensayo danés asignó cerdas a seis niveles de alimento (de 1,8 a 5,0 kg/día) desde el día 108 de gestación. Reducir el consumo de 3,1 a 1,8 kg/día bajó la producción de calostro de 6,6 a 5,3 kg, y un nivel alto (3,7 kg/día) mejoró el proceso de parto y redujo los nacidos muertos (Feyera et al., 2021). En clima tropical, aumentar 1,0 kg/día de alimento durante unos 6 días antes del parto incrementó el calostro en 0,5 kg; los autores estimaron 4,1 kg/día como óptimo para el parto y 3,0 kg/día para el calostro (Adi et al., 2024).
El momento de la última comida también importa. La duración del parto se mantuvo en 3,8 h cuando comenzó dentro de las 3 horas posteriores a la última comida, pero llegó a 9,3 h cuando comenzó 8 horas después, y los nacidos muertos se duplicaron (Feyera et al., 2018). No todos los estudios coinciden: en 1501 cerdas comerciales, aumentar la frecuencia de comidas no redujo los nacidos muertos (Tucker et al., 2022). La interpretación más razonable es que la frecuencia ayuda, pero no compensa un nivel de alimentación insuficiente.

¿Qué podemos hacer en la granja?
El primer paso es revisar la curva de alimentación desde el ingreso a maternidad hasta el parto: evitar restricciones severas y repartir la ración en al menos dos comidas, idealmente con una por la tarde para acortar el intervalo hasta el inicio del parto, con agua limpia y abundante.
El segundo es garantizar fibra suficiente en la transición, en cantidades del orden de cientos de gramos por día y no de decenas, comenzando al menos 7–10 días antes del parto y usando la consistencia de las heces como indicador simple. El tercero es revisar las premezclas: selenio orgánico, minerales traza de alta disponibilidad y niveles adecuados de vitamina E y D. Los aditivos tienen más sentido cuando ya se resolvió lo básico, especialmente frente a calor, problemas sanitarios o alta proporción de primerizas.

Cinco mensajes para recordar:
- La nutrición mejora con facilidad la calidad del calostro; el volumen depende sobre todo de la energía de la cerda y de un parto rápido;
- Restringir el alimento antes del parto reduce la producción de calostro: 3–4 kg/día en transición es un rango respaldado por la evidencia;
- La fibra acorta el parto y previene el estreñimiento, pero la dosis debe ser de cientos de gramos por día;
- Selenio orgánico, minerales de alta disponibilidad, vitamina E y 25-OH-D3 mejoran el perfil inmune y antioxidante del calostro;
- Los aditivos rinden más cuando la cerda está desafiada y deben evaluarse en las condiciones de cada granja.
Conclusión:
Mejorar el calostro desde la nutrición no depende de un producto, sino de una secuencia de decisiones. La base es energética: una cerda que llega al parto bien alimentada, con fibra suficiente y sin estreñimiento, pare más rápido y produce más calostro. Sobre esa base, las vitaminas, los minerales, los antioxidantes y los aditivos afinan la calidad inmunológica de lo que cada lechón recibe. En camadas cada vez más numerosas, cada gramo de calostro adicional y cada minuto de parto ahorrado se traducen en lechones que sobreviven y llegan mejor al destete.
Bibliografía:
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