Los factores que determinan su calidad y su consumo – (Parte II)

PRÓLOGO:
Una vez comprendido por qué el calostro es determinante para la vida del lechón, la pregunta lógica que sigue es: ¿por qué unos lechones consumen calostro suficiente y otros no?, y ¿por qué unas cerdas producen calostro de mejor calidad que otras? La respuesta no está en un único factor, sino en la combinación de características de la cerda, del lechón y del manejo alrededor del parto.
Este segundo artículo técnico profundiza en esos factores: nutrición, paridad, duración del parto, estrés, condición corporal, estado sanitario y peso al nacimiento. Entender cómo interactúan permite a técnicos y productores anticiparse a los problemas, en lugar de solo reaccionar ante camadas desiguales o mortalidades elevadas.
Conocer estos factores no es un ejercicio académico: es la base para decidir qué cerdas requieren más vigilancia durante el parto, qué lechones necesitan ayuda adicional y qué ajustes de manejo o nutrición pueden mejorar, camada a camada, el resultado de la maternidad.
Introducción:
La cantidad y la calidad del calostro que un lechón logra ingerir dependen de dos procesos que ocurren al mismo tiempo: la capacidad de la cerda para producir un calostro abundante y rico en inmunoglobulinas, y la capacidad del lechón para llegar a la ubre y mamar con rapidez y eficacia. Cuando cualquiera de estos dos procesos se ve comprometido, la transferencia de inmunidad y energía se reduce, y con ella aumentan el riesgo de mortalidad, las diferencias de peso dentro de la camada y la incidencia de enfermedades.
La producción de calostro es, además, prácticamente independiente del tamaño de la camada, lo que significa que cuanto mayor es el número de lechones nacidos, menor es la cantidad disponible por animal. Sobre esa base ya limitada actúan otros factores relacionados con la cerda y con el propio lechón, que son los que se abordan a continuación.
Peso al nacimiento y orden de nacimiento:
El peso al nacimiento es uno de los predictores más consistentes del consumo de calostro. Los lechones más livianos ingieren, en promedio, menos calostro que sus hermanos de camada más pesados, y esta relación se mantiene incluso cuando se corrige por el tamaño de la camada. Los lechones nacidos al final del parto también presentan menor consumo, en parte porque la concentración de inmunoglobulinas en el calostro disminuye a medida que avanza el parto, y en parte porque encuentran más competencia por las tetas cuando finalmente logran mamar.
El intervalo acumulado entre nacimientos actúa en la misma dirección: cuanto más tiempo transcurre desde el inicio del parto hasta el nacimiento de un lechón determinado, menor es su consumo de calostro. La asfixia perinatal, evaluada por la concentración de lactato en sangre, también reduce de forma directa la cantidad de calostro ingerida, probablemente porque compromete la vitalidad y la capacidad del lechón para levantarse y mamar en las primeras horas de vida. En camadas muy numerosas, este efecto del peso y del orden de nacimiento se acentúa, mientras que en lechones ya pesados al nacer el tamaño de la camada deja de ser un factor limitante.

Paridad de la cerda:
El efecto de la paridad sobre el consumo y la calidad del calostro no siempre es lineal, pero varios patrones se repiten en la literatura. Las multíparas jóvenes (segunda y tercera paridad) tienden a producir más calostro que las primerizas, y las de paridades intermedias a avanzadas superan en general a las nulíparas en volumen producido. Las cerdas primerizas, además de producir menos calostro, transmiten a sus lechones camadas con menor peso al nacimiento y menores concentraciones séricas de inmunoglobulinas, lo que se traduce en un desempeño posterior más bajo si no se toman medidas correctivas.
Curiosamente, cuando se compara la composición nutricional del calostro y de la leche entre cerdas primíparas y multíparas, las diferencias en inmunoglobulina G, grasa, proteína y lactosa suelen ser pequeñas. Esto sugiere que la desventaja de las camadas de primíparas no se explica tanto por una peor calidad del calostro producido, sino por un menor volumen disponible y, posiblemente, por una menor capacidad del lechón para extraerlo y digerirlo. Las cerdas de paridades muy avanzadas, por su parte, presentan partos más prolongados y una función uterina y de acceso a las tetas más limitada, lo que también puede perjudicar el consumo de calostro en sus camadas.
Duración del parto y estrés periparto:
La duración del parto está entre los factores de manejo con mayor impacto sobre la producción de calostro. Cada minuto adicional de parto reduce la cantidad de calostro producida por la cerda, y las camadas de lechones que no sobreviven hasta el destete provienen, en promedio, de partos considerablemente más largos que las de los lechones que sí sobreviven. Un parto prolongado también aumenta el intervalo entre el nacimiento y la primera mamada, lo que a su vez reduce la transferencia de inmunidad justo cuando la capacidad de absorción intestinal todavía es alta.
El estrés periparto actúa como un multiplicador de estos efectos. El cambio de ambiente hacia la sala de maternidad, el propio proceso del parto y el manejo alrededor de este pueden elevar el cortisol de la cerda, prolongar la duración del parto y reducir la producción de calostro y de inmunoglobulina G disponible para la camada. Además, las cerdas estresadas tienden a mostrarse más inquietas o agresivas, lo que incrementa el riesgo de aplastamiento y dificulta que los lechones logren mamar con tranquilidad. El uso de oxitocina durante el parto, cuando no está bien justificado, también se ha asociado a un menor consumo de calostro y a una mayor heterogeneidad dentro de la camada, por lo que su empleo debe reservarse a situaciones clínicamente indicadas.
Condición corporal, nutrición y estado sanitario de la cerda:
La condición corporal de la cerda al momento del parto está directamente relacionada con la producción de calostro. Cerdas que llegan al parto con menor espesor de grasa dorsal, o que pierden reservas corporales de forma excesiva durante la gestación tardía, producen menos calostro y presentan mayor riesgo de que sus lechones mueran o requieran tratamiento antibiótico antes del destete. En el extremo opuesto, cerdas gordas durante la gestación acumulan grasa en exceso, lo que perjudica el desarrollo de la glándula mamaria y genera resistencia a la insulina, dificultando el transporte de glucosa necesario para la síntesis de lactosa.
La nutrición de la cerda gestante influye también sobre el peso al nacimiento y la vitalidad de la camada, factores que, como se vio, condicionan el propio consumo de calostro por parte del lechón. Una adecuada disponibilidad de energía y de proteína durante la gestación favorece camadas más homogéneas y con mejor capacidad de mamar desde las primeras horas.
El estado sanitario de la cerda alrededor del parto es otro factor que suele pasar desapercibido. Cerdas con mayores concentraciones de proteínas de fase aguda en plasma, o con desequilibrios hormonales al final del parto, producen un calostro con menor contenido de inmunoglobulina A y presentan camadas con mayor riesgo de diarrea neonatal. Cuadros como la disgalactia posparto o el síndrome MMA (mastitis-metritis-agalactia), el estreñimiento o la mala higiene del piso, pueden comprometer de forma severa la producción de calostro y de leche en los días críticos posteriores al parto.

¿Qué podemos hacer en la granja?
Buena parte de estos factores no se controla de forma aislada, sino a través de decisiones de manejo tomadas en conjunto. Mantener una condición corporal adecuada de las cerdas durante toda la gestación, evitar tanto el exceso como el déficit de reservas, supervisar activamente el parto para acortarlo cuando sea necesario y priorizar la asistencia a los lechones más livianos y a los nacidos al final del parto son medidas que actúan directamente sobre los factores descritos.
La suplementación oral de energía (como el BabyPig Power) en lechones de bajo peso, aplicada dentro de las primeras horas de vida, ha demostrado reducir la mortalidad, en especial en camadas de lechones livianos. Ninguna de estas alternativas reemplaza al calostro materno, pero pueden marcar la diferencia cuando la disponibilidad natural es limitada por el tamaño de la camada, la paridad de la cerda o una duración de parto excesiva.

Cinco mensajes para recordar:
- El peso al nacimiento y el orden de nacimiento son los principales determinantes individuales del consumo de calostro;
- Las cerdas primíparas producen menos calostro que las multíparas, aunque su calidad nutricional no es necesariamente inferior;
- Cada minuto de parto adicional reduce la producción de calostro; acortar el parto y reducir el estrés periparto es una prioridad de manejo;
- La condición corporal y el estado sanitario de la cerda alrededor del parto condicionan tanto la cantidad como la calidad del calostro;
- Identificar cerdas y lechones de mayor riesgo permite dirigir el manejo y la suplementación donde generan más retorno.
Conclusión:
La calidad y el consumo de calostro no dependen de un único factor, sino de la interacción entre las características de la cerda, la del propio lechón y el manejo aplicado alrededor del parto. Nutrición, paridad, duración del parto, estrés, condición corporal, estado sanitario y peso al nacimiento actúan de forma simultánea, potenciándose o compensándose entre sí. Reconocer estos factores permite a los equipos técnicos anticipar qué cerdas y qué lechones requieren mayor atención, y convertir ese conocimiento en decisiones concretas dentro de la sala de maternidad.
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